La tiara Musy: la joya de la corona italiana

Todo empezó con una desgracia y una alegría. En 1900, el rey Umberto I de Italia fue asesinado por el anarquista ítalo-estadounidense Gaetano Bresci. Su viuda, la reina Margarita, quedó desconsolada. Sin embargo, cuatro años más tarde, la alegría volvió a brillar en la casa real de Savoya. Ese año, su hijo, Victor Enmanuel, y su nuera, la princesa Jelena Petrovic-Niegos (hija del rey Nicolás I de Montenegro) tenían un niño, al que llamarían Umberto en honor de su difunto abuelo. También le otorgaron enseguida un título: sería príncipe de Piemonte. Aunque era imposible saberlo entonces, aquel niño que le devolvió la alegría a su abuela sería el último rey de Italia. De hecho, tan sólo reinaría durante 33 días, del 9 de mayo al 12 de junio de 1946. Ese año, un plebiscito declaraba la República en Italia.

Una fotografía de Margarita de Saboya, reina de Italia. Casada con el rey Umberto (que moriría asesinado por un anarquista), la reina fue una consorte muy popular por su glamour, simpatía y dedicación a las obras de caridad.

Pero volvamos al feliz nacimiento. La reina madre Margarita estaba tan contenta con la noticia que decidió celebrar el acontecimiento adquiriendo una nueva joya. Tomó unas cuantas piezas de su joyero personal y se las envió a la reputada joyería Musy, en Turín, con la indicación de crear una diadema (o lo que hoy llamaríamos una tiara). La impresionante joya haría su debut oficial en el bautizo de su nieto (sí, en aquellos años en los bautizos reales se llevaban tiaras y vestidos de gala).

La pasión de Margarita por las joyas era de sobra conocida, en especial por las perlas. Tanto le gustaba que llegó a ser conocida como “la reina de las perlas” y en prácticamente todos los retratos oficiales sale llevando largos collares de varias vueltas. También era muy famosa su elegancia y belleza: en su época, llegó a ser una de las mujeres más admiradas de Europa, junto con la emperatriz francesa y la emperatriz de Austria (la malograda Sissi).

La reina Margarita de Italia retratada por Michele Gordigiani. La fascinación de la reina por las joyas, en especial por las perlas, era muy conocida. También su pasión por la ropa lujosa y la elegancia, lo que la convirtió en una de las mujeres más admiradas de Europa de su tiempo.

La reina Margarita de Italia, en otro retrato de Michele Gordigiani (1884). En prácticamente todos los retratos oficiales, la reina sale luciendo su espectacular colección de perlas, una de las más fastuosas de Europa.

Para crear la tiara, Musy decidió dar el mayor protagonismo posible a las perlas. De ahí que diseñara nueve “rosettes“, pequeñas florecillas de perlas rodeadas de diamantes. Luego las colocó dentro de arcos de diamantes, con la técnica “en tremblant“: es decir, las flores temblaban levemente cuando la reina se movía.

La tiara, ciertamente espectacular, es además muy flexible. De hecho, es desmontable y se puede transformar en nueve tiaras distintas. Musy decidió que las rosettes de perlas y diamantes pudieran quitarse fácilmente y substituirse por alveolos (palmitas o caparazones de diamantes) o grandes diamantes redondos (lo que se conoce como “diamantes solitarios”)

La tiara Musy es una de las tiaras reales más versátiles: tanto los arcos como los adornos son desmontables y se pueden combinar en unas ocho maneras distintas.
La reina Margarita llevando la tiara Musy

No es de extrañar que a la reina Margarita le encantase aquella magnífica creación de Musy. De hecho, a partir de aquel momento aparece casi en todos los retratos oficiales portando la tiara Musy en alguna de sus variaciones.

Cuando murió, en 1926, la tiara pasó a su nieto, Umberto, el cual se la regaló como regalo de bodas a su prometida, la princesa María José de Bélgica. Ésta la llevó el día del enlace, pero no tuvo muchas más oportunidades de lucirla. En 1946 la monarquía fue abolida en Italia y los reyes tuvieron que partir al exilio.

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La princesa María José de Bélgica, reina de Italia por su matrimonio con el rey Umberto, llevando la tiara Musy.

María José de Bélgica en su boda con Umberto, futuro rey de Italia. La novia lleva una de las versiones de la tiara Musy.

La tiara puede emplearse como bandeau, sólo con las cinco liras, sin arcos intermedios.

La tiara fue con ellos, pero muchas de las joyas de la familia real quedaron en Roma, en la caja fuerte de un banco italiano. El nuevo gobierno consideraba que no eran una posesión privada sino del Estado, con lo que los Savoya no podían reclamarlas. Umberto no estaba de absoluto de acuerdo. De hecho, cuando dejó las joyas en el banco, dejó también una nota en la que decía que debían ser devueltas a su legítimo dueño. A día de hoy, las joyas aún siguen en el banco sin que se haya llegado a ningún acuerdo entre los Savoya y el gobierno italiano.

En cuanto a la tiara Musy, sigue siendo la joya más preciada de los descendientes de aquel rey Umberto que inspiró su creación. Es propiedad del hijo de Umberto, Vittorio Emmanuele, príncipe de Nápoles. Su mujer, Marina, la ha lucido en más de una ocasión.

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