#The Crown: Mustique, la isla donde la princesa Margarita perdió la cabeza

Margaret, la princesa Margarita de Inglaterra, adoraba la isla de Mustique. En esa diminuta isla del Caribe, disfrutando de unas espectaculares vistas del Atlántico, sentía que podía relajarse y ser ella misma. No tenía que sufrir el escrutinio de la prensa, ni las miradas indiscretas de transeúntes, ni las habladurías de la Corte. Estaba prácticamente sola en un lugar que no conocía casi nadie.

En Mustique Margarita podía dar fiestas y beber sin parar y tomar el sol prácticamente desnuda. Y también, cuando su matrimonio se rompió, en Mustique pudo rehacerse al lado de un joven, de nombre Roddy Llewellyn, al que le doblaba prácticamente la edad: él tenía 26 años y ella, 43. Claro que sería allí donde les pillarían in fragante, lo que provocó un escándalo mayúsculo en Inglaterra y el divorcio inmediato de su marido. 

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"Les jolies eaux", la casa de la princesa Margarita en la isla de Mustique.
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"Les jolies eaux", la casa de la princesa Margarita en la isla de Mustique.
Princesa Margarita Tiara Poltimore

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Hoy en día, la casa que habitó la princesa Margarita en Mustique, llamada “Les Jolies Eaux”, las aguas bonitas, puede alquilarse por un suculento precio: unos 27.000 dólares a la semana en temporada baja y más de 62.000 en temporada alta. Claro que la propiedad, de diez acres de extensión y una exclusiva mansión de cinco habitaciones con baños en-suite, viene con todo un equipo de servicio (un mayordomo, un chef, un jardinero y dos amas de llaves) y está en uno de los lugares más paradisíacos de la isla.  Por no decir que tiene todo el glamour de haber sido el hogar de una princesa, de la mismísima hermana de la reina de Inglaterra. 

La casa, de hecho, la mandó construir la propia Margarita. Fue el único lugar que realmente era de su propiedad. “Les Jolies Eaux” no pertenecía a su hermana, la Reina, ni al gobierno británico, ni se la había prestado ni alquilado nadie. Era suya y de nadie más. Siempre se sintió orgullosa de ella. 

La princesa Margarita en su casa de la isla de Mustique.

El sueño excéntrico de un Lord inglés

Claro que —todo hay que decirlo—la primera vez que la princesa Margarita pisó la isla, en Mustique ni había electricidad ni agua corriente. Así que no le quedó más remedio que ducharse con un cubo lleno de agujeros que colgaba de un árbol. Pero lejos de incomodarla, aquello resultó de lo más exótico y divertido para alguien acostumbrado a vivir en un palacio. 

Mustique, de hecho, comenzó como un capricho de un inglés un tanto excéntrico. En 1958, un tal Colin Tennant, de título Lord Glenconner, llegó a esta minúscula isla caribeña y se enamoró del lugar. Tanto, que decidió comprarla: pagó por ella 45.000 libras de la época, una auténtica fortuna, aunque la inversión no parecía muy rentable porque la isla no tenía ni una sola carretera construida. 

En un principio Tennant quiso transformar la isla en una gran plantación de algodón, pero la idea no era viable y tuvo que buscar otra salida para rentabilizar su adquisición. Decidió que la transformaría en uno de los lugares de veraneo más exclusivos del mundo. Y también más bohemios. Para dar a conocer el lugar, Tennant dio un gran golpe de Relaciones Públicas y en 1960 decidió regalarle un trozo de la isla a una gran amiga suya: la princesa Margarita de Inglaterra. 

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La princesa Margarita llegando a la isla de Mustique.

La princesa Margarita llegando a la isla de Mustique (se ve el yate real Britannia al fondo de la imagen). La princesa va acompañada de Lord y Lady Glenconner. Colin Tennant (Lord Glenconner) había comprado la isla de Mustique en 1958 y en 1960 le regaló un trozo a la princesa Margarita.

Puntualicemos: Margarita era una de las mejores amigas de la mujer de Tennant, Lady Anne Glenconner. Pero para Tennant lo importante es que la princesa podía atraer a la prensa mundial. O, al menos, a algunos millonarios interesados en codearse con la realeza. 

Tennant le regaló aquel trozo de isla como regalo de bodas. La princesa Margarita se casó en 1960 con el fotógrafo Antony Armstrong-Jones, el cual, por cierto, siempre odió Mustique. La llamaba “Mustake” (en inglés, “mistake” significa “error”) y creía que era un capricho absurdo de su esposa. Pero a Margaret siempre le encantó. 

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La princesa Margarita y su marido, Anthony Armstrong-Jones, llegando a Mustique.

La princesa Margarita y su marido, Anthony Armstrong-Jones, abordo del yate real Britannia, llegando a Mustique.

La fabulosa mansión de la princesa Margarita fue construida en 1972. Para cuando Margaret comenzó a veranear en ella (iba dos veces al año, en octubre y en febrero), en la isla de Mustique sólo había quince habitantes más: todos millonarios, hedonistas y más que excéntricos. Cada uno tenía una casa espectacular y cada noche había fiestas en una de ellas. El alcohol se consumía sin moderación alguna y nadie se iba a acostar hasta altas horas de la madrugada.

La princesa Margarita en una fiesta en Mustique.

La princesa Margarita en una fiesta en Mustique.

Margaret solía ser el alma de aquellas fiestas. Era divertida, simpática y le encantaba bailar. También tenía una voz preciosa y no dudaba en cantar los éxitos del momento al piano (sus favoritas eran canciones picantes). Sin embargo, nunca olvidaba del todo que era una princesa (la hermana de la reina de Inglaterra, nada menos) y nadie podía pasar ciertos límites. No se le podía besar ni abrazar. Nadie podía tomarse excesivas confianzas. Todo el mundo debía dirigirse a ella como “Your Royal Highness” (su Alteza Real) y luego llamarla “ma’am” (señora). Incluso en la playa había que hacerle reverencias al verla.

Los privilegiados habitantes de Mustique conocieron las dos caras de aquella royal: su lado más amable y también el más pretencioso, consentido y hedonista. A Margaret le encantaba ser el centro de atención, que le hicieran reverencias y que la adulasen. Le entusiasmaba estar rodeada de hombres jóvenes y atractivos.

La princesa Margarita y su amante, Roddy, en Mustique.
A la derecha, la princesa Margarita en la isla de Mustique hablando con un amigo. A la izquierda, Roddy Llewellyn en la isla, en 1976. La relación entre la princesa y Roddy comenzó en 1973 y duró ocho años. Cuando se conocieron, él tenía 26 años y ella, 43.

Uno de esos jóvenes fue Roddy Llewellyn, con quien mantuvo una relación sentimental durante ocho años. Se conocieron en 1973 a través de los Glenconner. Él tenía 26 años y ella, 43. Aunque seguía casada, su matrimonio estaba completamente roto y las infidelidades eran mutuas y constantes.

Roddy era un diseñador de paisajes que le devolvió la alegría de vivir en un momento en que estaba profundamente deprimida. No acabaron juntos: su historia se descubrió (unas fotografías de los dos en Mustique aparecieron en “News of the Word”) y rompieron su relación. Él se casó años más tarde con Tatiana Soskin. Aún así, siempre mantuvieron una gran amistad hasta la muerte de la princesa en el 2002, a los 71 años de edad.

En 1996, cinco años antes de morir, Margaret le regaló “Les Jolies Eaux” a su hijo varón, David Linley. Fue éste quien vendió la casa en 2001 a un empresario americano, Jim Murray.

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"Les jolies eaux", la casa de la princesa Margarita en la isla de Mustique.
"Les jolies eaux", la casa de la princesa Margarita en la isla de Mustique.
Princesa Margarita Tiara Poltimore

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